El arma que tiene el poder de controlar el clima y detener tormentas.

Eran marineros experimentados. Habían cruzado innumerables veces el mar y surcado todas las costas de la región, muchos de ellos habían crecido disfrutando el aroma de los muelles, y aún uno de ellos era un empresario de pesca, todos conocían muy bien el océano, pero esto era diferente. Era la peor tormenta en la historia humana. El titanic hubiera sido destruido en miles de pedazos ante semejante huracán. Los doce hombres hacían esfuerzos sobrehumanos para mantener la embarcación a flote, ya no estaban luchando contra la tormenta, ahora solo anhelaban sobrevivirla; si podían llegar a una costa o a un muelle, seria una victoria. Cualquier lugar donde hubiera tierra lo recibirían gustosos. ¿Pero que hacer ante el poder de los vientos? ¿como defenderse ante la majestuosidad de la naturaleza defendiendo su territorio? Los expertos marineros hacían lo imposible por mantener el barco a flote, pero la proa estaba seriamente dañada y a punto de colapsar ante los golpes mortales de las olas de siete metros. Por primera vez en muchos años se respiraba el olor al miedo.

“¡Mateo lanza todo el lastre que quede!, debemos intentar evitar que el barco zozobre…”

“¡Ya no queda lastre Pedro, hemos lanzado todo, incluyendo el ancla mayor, pero el océano no nos da tregua…!”

“Maldita sea, no podremos resistir mucho tiempo más…”

“Escuchen, la proa ha cedido casi por completo, la embarcación se partirá en dos irremediablemente…”

El miedo aumentaba al ver como los barcos cercanos parecían desintegrarse ante la fuerza consumidora de la naturaleza, uno tras otro era evaporado bajo las olas entre los gritos de desesperación de los tripulantes, los grandes buques no eran mas que juguetes ante el poder destructor del océano. Era una completa película de terror. Pero lo increíble era que el capitán del barco no daba señales de vida.

“¿Habrá muerto el capitán?”

“Eso es imposible, recuerda quien es él.”

“Entonces vamos a buscarle, no puedo creer que no este aquí a nuestro lado…”

“Hemos estado recorriendo el barco sin verlo, si está en algún lugar, sería en los camarotes…”

Los hombres se avalanzaron a los camarotes e irrumpieron donde estaba su capitán, pero jamás hubieran podido imaginarse la escena: su amado capitán estaba disfrutando un sueño apacible. Los marineros no podían dar crédito a los que sus ojos veían. Por unos segundos se deleitaron en el tranquilo rostro de su capitán que vivía la espectacular tormenta profundamente dormido.

El ruido de la tormenta los hizo reaccionar. 

“¡Capitán, despierta…, nos estamos hundiendo, nos vamos a morir!”

El capitán abrió los ojos mientras los marineros intentaban con gritos de desesperación ponerlo al corriente de la situación. “¡capitán, nos vamos a morir! ¡la proa esta a punto de partirse! ¡la tormenta nos arrastra! ¡capitán, nos vamos a morir! ¡los barcos cercanos a nosotros han sido consumidos por las olas! ¡no tenemos lastre! ¡capitán, nos vamos a morir! ¡hemos perdido el rumbo! ¡no sabemos a que distancia estamos de cualquier costa! ¡capitán, nos vamos a morir!”

El capitán esbozo una gran sonrisa. Y sin decir palabra, se dirigió a la cubierta del barco, inundada por lo más fuerte de la tormenta. Y dirigiéndose al huracán grito con autoridad:

“Tormenta te reprendo, y te ordeno que te detengas.”

Inmediatamente cesaron los vientos y el mar se quedo sereno y en calma. Los marineros no podían concebir lo que habían presenciado, era demasiado para asimilar de un solo bocado, necesitaban digerirlo despacio. Pero el verdadero impacto aún estaba a punto de ocurrir. 

El capitán los vio fijamente a los ojos y les dijo: “Hombres de poca Fe.”

Esas palabras sacudieron las almas de esos hombres para siempre. Los Discípulos llenos de temor y asombro permanecieron profundamente quebrantados ante esas palabras. Esperaban un “por favor la próxima vez no se tarden tanto en despertarme…” o quizá un abrazo fuerte que los permitiera desahogar ese cumulo de emociones generadas por el miedo a la muerte, pero no un regaño, lo esperaban todo menos esas palabras. 

Jesús sonrió de nuevo, y dando media vuelta volvió a su camarote dispuesto a terminar su merecido descanso, antes de otro gran servicio de milagros en la tierra de los gadarenos, en la ribera opuesta a Galilea. 

“¿Quien es realmente Jesús, que aún los vientos y las olas le obedecen?” – se preguntaban estupefactos los expertos marineros.

Ese día todo cambio en el corazón de los Discípulos, no estaban seguros de lo que había ocurrido y mucho menos como la tormenta se había detenido tan milagrosamente, pero lo que sí es seguro es que a partir de aquel día, ninguno volvería a tener miedo, y mucho menos a la tormenta mas fuerte del mundo.

Ese maravilloso día los Discípulos entendieron el poder de esa arma espiritual llamada ‘Fe’, capaz de controlar el clima, hacer milagros, y detener tormentas. | Lucas 8:22-26

Al que tiene Fe absolutamente TODO le es posible.

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