El pecado de Oyuki.

“Sus partes intimas sangraban ya demasiado, tanto que ya era imposible ocultarlo aun y cuando su cuerpo estaba oculto bajo tres juegos de ropa interior.

Ya ni siquiera se escondía, ahora huía, huía de todo y de todos. Perseguida por las autoridades, gobierno, e incluso la misma Iglesia que la consideraba casi como una hereje por atreverse a hacer lo que estaba haciendo, pero ella no cedía ante la presión, algo dentro de ella sabia que era su oportunidad; era la oportunidad sublime, única…y lo mas probable que fuera la última. ¿Acaso era tan malo atreverse a soñarlo posible? ¿acaso realmente era digna de muerte por atreverse a respirar un poco de aire fresco después de doce años de encierro? sabia que no era una oportunidad que podía dejar pasar, era quizás esa única posibilidad lo que la hacia atreverse a tanto, o quizá era el brillo de la esperanza que esparcida en su cerebro recorría sin piedad cada nervio de su cuerpo y la hacia correr mientras escondía con toda su fuerza su pecado.”

“Donde esta…tengo que hallarlo. Solo el puede, solo él sera el único que puede ayudarme…”  la voz débil de la mujer se perdía entre el ruido y tumulto de la gente – “se que nadie me escucha, pero se que pueden verme, y de descubrir lo que me ocurre debajo de mi ropa interior…”  un grito de dolor y desesperación sacudió su voz y su semblante mientras caía pesadamente a tierra, el dolor de tanto recuerdo había hecho presa de su memoria y tal como si fuera una película de horror recordaba tanto sufrimiento, tantas drogas que manos extrañas le ofrecían tal y como si fueran el elixir mágico de su libertad, pero todo había sido un fraude, un desvergonzado fraude. Ahora después de doce años su cuerpo desgastado por la excesiva perdida de sangre y su alma enferma de tanto dolor y frustración corrían desesperadamente por las calles llenas de tierra de la ciudad, en busca del hombre de quien había por ese casi mágico error, escuchado su nombre; cual hubiera sido la misericordia Divina que cansada de escuchar su clamor hubiese decidido ponerle fin a semejantes gritos. Desde ese momento el nombre de ese hombre se había convertido en su obsesión, en su delirio. Soñaba con su rostro, con el roce de sus ropas, se deleitaba con su aroma, tal y fuera la flor mas dulce del campo.”

“No tenia dinero, bienes ni mas vestido del que llevaba puesto, no tenia nada mas que ese pedazo de dignidad que se negaba a morir aun a costa de que la misma sociedad y las leyes la catalogaban como “sucia” y digna de ser consumida en el mismo infierno viva. Un liquido viscoso mancho su mano derecha. Si allí estaba: rojo carmesí, como sonriendo triunfante después de tantos años de batalla. Era realmente irónico que el mismo liquido del cual dependía su vida, era el mismo liquido por el cual mereciera la muerte. Un charco rojo se asomo bajo sus faldas y en un instinto desesperado se puso en pie mientras intentaba ocultar el rastro que quizás la condenaría para siempre. 

Una multitud y gritos de jubilo guiaron sus ojos y tal cual telescopios visualizaron frente a si al hombre, sabia que era él, las voces lo aclamaban y su corazón dio un vuelco mientras temblando procuraba acercarsele. La multitud era demasiada pero ya era demasiado tarde, estaba decidida y nada ni nadie podría detenerla. Respiro profundo como intentando inhalar el valor que necesitaba para terminar con la travesía mas difícil de toda su vida; y se adentró a la multitud cual lobo en busca de su presa en medio de los matorrales, aun a sabiendas que un solo error le significaría una dolorosa y cruel muerte. Todos sus sentidos estaban centrados en él, nada mas importaba. Los colores de sus ropas aparecieron frente a si y su aroma penetro sus sentidos cual si fuere a devorarlos, estaba a diez centímetros de él, no podía mas, tenia que hacerlo, era la muerte o la vida. “Si tan solo pudiera tocar el borde de su manto…”. Una delgada pero firme mano toca el borde del manto del hombre. El hombre se detiene impactado, reconoce que algo ha pasado. Poder ha salido de él.“

“¿Quien ha tocado Mi ropa? Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido poder de Mí.” – la voz sonaba potente y fuerte, pero dulce al mismo tiempo, era una mezcla única como de cuento de hadas. Ella al borde de un colapso nervioso, sin saber ya si era por el miedo a ser descubierta en su atrevimiento heroico, o por la emoción de poder palpar con sus propias manos que la sangre se había detenido, o quizá por el hecho de poder ver cara a cara al hombre del cual había salido semejante Poder. – “fui yo Señor” – dijo la mujer mientras humillada por su anterior condición se postraba ante los pies del ser mas Poderoso que ha pisado la faz de la tierra.

“Yo sólo …. llevaba 12 años sufriendo … pensé que si lograba tocar Tu manto…” Oyuki intento balbucear lo que había hecho, pero las palabras eran opacadas por lagrimas de emoción y asombro, lo único que devoraba sus pensamientos era que ya no debería regresar más a su encierro, ya no debía esconderse más, ahora era una mujer verdaderamente Libre. Jesús la observo fijamente y sonrió. “Hija, tu fe te ha sanado,”– le dijo el Hijo de Dios – “vete en paz y queda sana de tu enfermedad y de tu aflicción.” – el Milagro debajo de su ropa interior había sido consumado. | Lucas 8:43-48

El milagro de Oyuki

¿Que fue lo que provoco este insólito Milagro? FE. Ningún Milagro sucede sin FE. La FE es la base solida de un Milagro. Sin FE jamas obtendrás un Milagro. 

No existen limites. Sea zika, cáncer, sida, ébola, o un sangrado de doce años, cualquier sanidad es posible para el que Cree en Jesús.

Lo único que necesitamos tu y yo hoy, es un encuentro personal con Jesús. Eso es lo que sucede cuando Oramos, tenemos la oportunidad de encontrarnos con Él. Si logramos tener el valor de adentrarnos en la multitud y aún mas, contar con la osadía de tocar Su manto, seremos profundamente impactados. Siempre que nos acerquemos a Jesús en Oración, un Milagro será nuestra recompensa. Y si no me crees, pregúntale a la mujer que cuenta el testimonio de su ex-poderosa menstruación.

“Dios todopoderoso delante de ti hoy doblo rodillas, cansado y abatido por el mundo. Estoy desgastado y muy cansado de la vida, pero hoy decido atreverme a arrebatar un Milagro de ti. Extiendo mis  manos para tocarte, permiteme tocarte hoy Señor. Recibo en FE mi Milagro hoy, sin dudas, sin razonamientos, sin temor. Te entrego lo que soy, lo que tengo y me rindo a ti, recibe mi vida por favor, y toma el control, prometo hablarte diariamente Precioso Espíritu Santo, dame la osadía de avanzar hacia Jesús, en verdad anhelo tener un encuentro personal con Él, Amen.”

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