3 cosas que confirman que Dios usa hasta lo aparentemente “malo” para bendecirte.

El hombre sostenía un papel en la mano, era su discurso presidencial. Palabras muy bien planificadas por un grupo de asesores para producir el efecto deseado en la población.

“señor, su pueblo le espera.”

El hombre sonrió abiertamente al escuchar esas palabras. Había esperado mas de treinta años para oírlas. Se levanto y se dirigió a la ventana real, el lugar donde los grandes hombres pueden hablar, pero mejor aún, el lugar donde los hombres son escuchados con atención. Tenia un mensaje que dar. El pueblo estaba sediento de esperanza. Y él sentía la obligación moral de gritarles hasta quedarse sin aliento y sin cuerdas vocales. Tenia que decirles. Todos tenían que saber la verdad. Hace tan sólo dos minutos atrás que había decidido romper el silencio, decirles la verdad, sin censura, sin secretos, sin miedo.

La multitud le esperaba. El hombre rompió el papel de su discurso y lo tiro al suelo y luego de un corto suspiro comenzó a hablar – Debo contarles lo sucedido, deben saber la verdad. Quizá estén viviendo el mismo camino que yo recorrí. Enfrentando a los mismos demonios que yo enfrente. Y sé que mi confesión puede salvarles la vida. Sé que todos me conocen como el líder poderoso, el hombre que gobierna todo el país con exactitud y que posee las riquezas de la mitad de la tierra, pero no siempre fue así.

Sin familia y sin dinero

Entré a este país como un extraño, un inmigrante sin derechos, un vil sirviente a cambio de comida para sobrevivir. Mi familia se deshizo de mi, aún no sé con certeza si fue odio, envidia o el mortal amor al dinero, ese maldito demonio que se empeña en robar sonrisas y destruir mentes. Hubiera querido una vida distinta, una familia modelo de esas que salen en las películas y que siempre permanecen unidas sin importar lo cruel de la situación, pero sobre todo, hubiera querido nacer en un país diferente, quizá uno con menos conflictos, con mas parques y menos guerras, y con una sociedad con valores. Pero no fue así. En mi país se mataba por un celular, se gobernaba con injusticia y se hacia cualquier cosa por dinero. Inclusive vender a tu propia familia. Fue así como llegue aquí. Al final de cuentas no habían muchas opciones, era la servidumbre o la muerte, así de sencillo.

Fui un sirviente modelo. Obediente y preciso, el modelo ideal, el sirviente que todos anhelan tener. Me gane la confianza de mis jefes y me dieron el honor de administrar todos sus bienes. Pero Dios puso a prueba mi fidelidad de las forma mas extraña. La esposa de mi jefe puso su mirada en mi. “Ten sexo conmigo…” la voz de la mujer sonaba realmente excitante, como sacada de una película erótica. Era una mujer prohibida, yo lo sabia; ¿como traicionar al hombre que me había puesto a cargo de todo lo que tenia?  pero esa extraña fuerza brutal me acechaba, y decía en alta voz: “hazlo”. Sabia lo que estaba en juego, era una decisión. El pacto que me mantenía libre, o la lujuria que me hacia casi un animal. Mantener la pureza o ceder ante la diabólica tentación. Eso era todo. Decidir. Por un lado tenia un pasaporte a mi libertad financiera y mi placer sexual, y por otro lado, continuar en la miseria pero integro e intachable. Parece una decisión fácil, pero vacile mil veces en sesenta segundos. Dije no. La mujer me desnudo sin el menor escrúpulo, y y empece a vacilar si decir “sí” a semejante invitación. Empece a tocar las curvas de su cuerpo, quizá por la escasa y provocativa ropa que ella vestía o tal vez por el largo tiempo que llevaba sin tener contacto físico con nadie, luchaba pero mi cerebro no me daba tregua. Nunca había estado en una situación semejante, quería hacerlo y no quería hacerlo. Sabia que era ahora o nunca. Dije no y salí corriendo de la habitación. Desnudo, pero con la moral intacta. Con el corazón retumbando en mi pecho, pero limpio. Una sonrisa se empezó a dibujar en mi rostro mientras aquella fuerte tentación se disipaba dentro de mi alma. Había vencido a la bestia. Pero esto no había terminado.

Sin reputación y sin libertad

La esposa de mi jefe mintió. Alego que fue ella la que fue acosada. Aseguro que yo intente violarla y que ante sus gritos salí huyendo. Nadie me creyó. Después de todo nadie creería en la palabra de un sirviente inmigrante que se declaraba “Santo”. Me enviaron a la cárcel. Mi destino ahora seria pudrirme en una fría celda por el resto de mi vida. Me empece a cuestionar muchas cosas. ¿Donde estaban las promesas y los sueños? ¿donde quedo la promesa de que tenia un propósito y que mi don celestial seria de bendición a muchos? ¿era la cárcel la recompensa por mantenerme integro ante la tentación? visiones de reinos y maravillas, se habían transformado en realidades de miseria y cárcel, ahora sólo tenia frente a mí una ventana con barrotes que me decía sin la menor consideración que era su cautivo y que debía conformarme, pues no se puede soñar aquí, este lugar no es para soñadores sedientos de conquistas, este lugar es donde los sueños mueren y las sonrisas desaparecen.

Sin familia, sin dinero, sin reputación, sin libertad. No tenia nada mas que la ropa que llevaba puesta y “eso”, ese don Divino que pesaba sobre mi. ¿de que me había servido ese don? ¿podría acaso un simple don celestial sacarme de la cárcel y devolverme mi reputación? no lo creía posible. Era mucho para un simple don de interpretación de sueños. Desde niño pude interpretar los sueños, los propios y los de los demás, esa fue realmente la punta de lanza para que mi familia empezara a despreciarme, pues mis sueños hablaban de reinos, victorias y recompensas. “¿acaso te crees superior a nosotros? ¿eres el mas joven y planeas que te honremos como nuestro líder?” Pero ese sueño enorme, lleno de riqueza, gobierno y amor parecía ahora haberse convertido en un fraude, una equivocación celestial, un error a la hora de la repartición de sueños y dones. 

Pensé que Dios quería asesinarme. Pensé que se había olvidado de mi, o en el mejor de los casos, que había cambiado de opinión con relación a mi futuro. De niño soñaba con cosas grandes, pero la realidad chocaba cruelmente contra mis anhelos haciéndolos añicos. A mis 30 años de vida solo había sentido la crueldad del rechazo familiar, la humillación de la esclavitud y el horror de la cárcel, no tenia sentido, ¿Si Dios realmente estaba conmigo, porque todo pareciera salirme mal a pesar de guardar Su ley? – La voz del hombre se quebranto y rompió en llanto mientras sus guardaespaldas le traían un vaso de agua. 

La multitud no daba crédito a lo que estaba escuchando, pero la voz de su líder parecía desquebrajarse por momentos, atestiguando la veracidad de sus palabras. y además, ¿quien en su sano juicio, expondría su vida delante de toda la nación?

El hombre continuo. “Me dormí pensando que no había salida. No había futuro para mi. El suicidio o una vida de cárcel parecían ser mis únicas alternativas. Era tan sólo un miserable sin esperanza.

Próspero, Libre y Bendito

Pero la historia dio un giro inesperado. En la cárcel descubrieron que yo poseía un fascinante don, un regalo Divino inexplicable y fascinante: interpretaba los sueños. Dos hombres habían soñado cosas extrañas y mi interpretación fue exacta. Uno fue perdonado y le fue restaurada su posición en el congreso, y el otro muerto como castigo a su maldad, de la manera exacta en que la interpretación Divina lo mostró. Un día el presidente tuvo uno de esos sueños que perturban tu mente, una especie de pesadilla que te quita la paz y que no deja de consumir tu cerebro hasta que descubras lo que significa. Alguien le dijo al presidente sobre el inmigrante violador encarcelado que interpretaba sueños ajenos. Fui llevado de inmediato ante el Congreso. El presidente me contó su sueño “vi siete vacas gordas y siete vacas flacas, pero fueron las vacas flacas las que devoraron a las gordas…” , cerré los ojos un instante, y ore a Dios temblando, sabia que no había margen de error, si me equivocaba delante del presidente terminaría en la silla eléctrica, y lo único que me llevaría a la tumba serían los recuerdos de una vida de rechazo, esclavitud y encierro. De pronto ocurrió. Dios literalmente tomo mis labios y respondí: “habrán siete años de abundancia seguidos de siete años de severa escasez, el Presidente debe escoger a un administrador sabio que gobierne al país y que ahorre durante los siete años de abundancia, así habrá alimento durante los años de escasez.” El presidente y los magistrados quedaron atónitos. Los murmullos no cesaban. Nadie se imagino que un “religioso”, tuviera semejante don y mucho menos tal sabiduría. El Presidente me nombro Gobernante de todo el país. Me entrego a mi Pareja Idónea. Me delego autoridad absoluta sobre todo el Congreso, Magistrados, Corte de Justicia y Autoridades internacionales, y por si fuera poco, lo mejor de todo ocurrió tan solo tres días después: descubrieron la falsedad de la acusación en mi contra: “la mujer mintió”, dijeron todos al unisono.

Pero Dios no había terminado conmigo. El hambre que Dios había profetizado por medio de los sueños, asolo al mundo entero, obligando a mi familia a buscar alimento en Egipto. Y un sentimiento de venganza corrompió por completo mi alma. Ordene que los ingresaran a todos al palacio bajo cualquier pretexto. Visualice miles de formas de castigarles, y mostrarles que por mas que lo intentaron, jamás pudieron derrotarme. Las mas crueles torturas desfilaron por mi mente peleando el puesto para convertirse en mi venganza perfecta. El momento llegó, me puse frente a mi familia listos para cobrar tantos años de dolor y vergüenza, pero ellos…se postraron ante mi, y la visión del sueño que Dios me había dado mas de treinta años antes se materializo en su plenitud. La inconfundible voz de Dios retumbo en mis oídos: “¿Ves que Yo siempre cumplo lo que te prometo? no hace falta tu venganza, te he puesto como bendición ante ellos tal y como me lo pediste cuando tenias tan solo 10 años y tu corazón no se había corrompido por el dolor.” 

No pude mantenerme en pie, Dios toco la fibra que solamente Él podía tocar. Grite sin mas reservas “Soy Jose el que ustedes vendieron como esclavo y que Dios ha puesto para bendecirlos”. Jamás pensé que mi don pudiera ser usado para liberarme, y menos aún, de un momento a otro. En un abrir y cerrar de ojos, Dios había tomado mi miseria, esclavitud y don celestial, para levantar a José el próximo gobernante de todo Egipto. 

Sé que esperaban un discurso presidencial, pero les cuento mi historia para que sepan tres cosas importantes: 

1. Dios usa hasta lo aparentemente “malo” para bendecirte

Todo nos ayuda a bien. Aunque no tenga lógica, esa prueba que piensas que te destruirá, terminarás dando gracias de rodillas por ella. Todo lo que Dios permite en tu vida es para enseñarte, fortalecerte y bendecirte, no temas, Él sigue en control. Todo se hace al estilo de Dios. Tu don por pequeño y débil que te parezca, será usado por Dios de la manera mas ilógica, instantánea y poderosa que puedas imaginarte para cumplir la promesa que Dios tiene sobre ti.

2. Dios siempre recompensará tu santidad

Dios siempre recompensa y valora tu integridad y honra a Su nombre. Cada vez que dices no al pecado queda escrito en el libro de la Vida que Dios tiene en Sus manos. Jamás dejará sin recompensa a quienes se atreven a mantenerse íntegros por amor a Él. Este es el secreto: Dios forja nuestro carácter bajo presión y nuestra muerte a nosotros mismos, pues está buscando personas en quienes poder confiar Sus riquezas.

3. Todo es posible

Es irrelevante de donde vienes, y lo que tengas en tus manos hoy, lo que importa es el destino que Dios marco para ti, porque sin importar tu pasado ni tu presente…sin importar si estas en prisión o en servidumbre….sin importar si tu única procesión es la ropa que traes puesta…en un abrir y cerrar de ojos, todo puede cambiar, pues con Dios…todo es posible. Todo. Todo es posible.

Todo es posible | Génesis 37-43

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