Lo que ocurrió el día en que un violador asesino se encontró cara a cara con Dios

“No sabia lo que estaba haciendo. Si ya se que has escuchado esa excusa muchas veces, pero en verdad te digo que no sabia lo que estaba haciendo. Perdí el control y…bueno ya sabes lo que paso después.” El joven le escuchaba pacientemente, oculto tras una aura de sabiduría nunca antes vista. Su penetrante mirada hacia tambalear a quien se pusiera enfrente, incluso a grandes líderes como el.

“Cuéntame una vez más lo que paso cuando te encontraste cara a cara con Dios.” pidió dulcemente el joven. El hombre respiro profundo, sabia que no podía negarse, aún y cuando no tuviera el mas mínimo deseo de repetir semejante aventura.

LA VIOLACIÓN

“Todo ocurrió hace algún tiempo ya. Ese día me levante temprano y fui a dar un paseo por mis propiedades, era algo que me gustaba mucho hacer y que hacia muy a menudo…pero esta vez ocurrió algo, digamos diferente. Había decidido subir a la azotea y disfrutar el paisaje desde lo alto, estaba absorto en mis pensamientos cuando una imagen sacudió lo mas profundo de mi ser. Demasiado bella, demasiado erótica, demasiado cerca de mi. La mujer mas bella que había contemplado en mi vida tomaba una ducha y yo era su espectador. Allí estaba ella, completamente desnuda; mi vista quedo paralizada mientras mis hormonas masculinas se agitaron al máximo. Mi imaginación voló y en cuestión de segundos me convirtió en un morboso adolescente dispuesto a saciar sus sentidos con un momento de placer erótico.

Luche como desenfrenado contra la tentación. Probé a cerrar los ojos, pensar en otra cosa o simplemente olvidar que la había visto, pero la imagen devoro mi cerebro consumiendo toda pizca de razonamiento e integridad, dejándome únicamente con un rara mezcla de morbo y deseo incontrolable. Por unos segundos me di el permiso de no refrenar mis instintos salvajes los cuales como leones hambrientos liberados de su jaula devoraron cada centímetro del cuerpo de esa mujer. La terraza de mi mansión convertida en un vil escenario de teatro pornográfico. La mujer termino de ducharse pero no ocurrió lo mismo con mi deseo. La imagen había despertado una bestia en mi que no conocía. Una bestia que descontrolo mis sentidos y no descanso hasta haber consumido todo lo bueno que había en mi.” – “Es una mujer prohibida..”, me repitieron varias veces, pero yo estaba anestesiado por su belleza. La mande a traer. Sabia que no podía negarse pues ella conocía mi posición y yo la aproveche al máximo. La conduje a mis propias recamaras y la seduje. Ella dijo no. Yo la golpee fuertemente. Ella suplico pero ya era demasiado tarde, la bestia había asesinado al ser humano y en su lugar había colocado un pornógrafo sediento de cumplir sus mas alocadas fantasías eróticas. Todo lo que ella hizo fue inútil. La desnude y la hice mía. Yo simplemente la viole.

EL ASESINATO

El momento de lujuria termino. Ella lavo su ropa y su cuerpo esperando eliminar cualquier rastro de este horroroso espectáculo y regreso a su hogar. Yo quede tranquilo como un hombre que queda satisfecho después de comer un gran banquete. Pero mi vida jamas fue igual después de ese día. Sesenta días después, una corta frase enviada por un mensajero alteraría por completo mi tranquila vida. “Estoy embarazada.” declaraba la nota como poniendo un nuevo fin a mi corta aventura. ¿Que mas podía hacer? Conocía perfectamente a su esposo, era mi mejor amigo, un soldado leal y mas aun un hombre intachable, ¿como destrozar todo esto contándole lo ocurrido? Lo mande a llamar, le dije que no había necesidad de luchar mas, que debía descansar y pasar mas tiempo con su familia y lo mande a su casa. El plan era perfecto, el tendría relaciones con su esposa y listo, mi pequeña aventura estaría oculta para siempre. Pero el hombre era intachable, demasiado correcto. “¿Como poder irme a descansar y disfrutar a mi esposa sabiendo que el resto de mis amigos estan muriendo peleando solos contra nuestros enemigos?” – me dijo – sinceramente el hombre parecía ser el modelo del hombre perfecto.

Lo intente convencer de nuevo.
Le ofrecí regalos. Si, lo soborne.
Le dije que no debía ser tan correcto siempre.
Probé embriagarlo para así obligarlo a irse a su casa.
Pero todo fue en vano, parecía como si el destino estuviera en mi contra y se hubiera decidido a hundirme.

Fue entonces que perdí totalmente el control.
Cambie la amistad por la lujuria.
Pague la lealtad de un soldado con la traición de su Líder.
Le di mas valor a mi momento de placer que a sus muchos años de integridad.
Ame mas mi posición que todo lo demás en mi vida.
Y lo mande a asesinar.

Yo mismo escribí las palabras que asegurarían su muerte. Puse esa misma nota en sus propias manos y lo envié de nuevo al campo de batalla, él mismo debería entregar al General la nota que tenia la orden de su ejecución: “General Ford, ponga a Urias al frente de la batalla y cuando este en lo mas fuerte…déjenlo solo. Déjenlo morir.”

LA CONDENA

La orden fue cumplida y celebrada por mi con gran júbilo. Sentí la mas grande tranquilidad de toda mi vida. Sentí paz. Me case con esa mujer. La hice mi esposa y fui feliz, hasta el día en que me encontré con Dios. Él me devolvió a mi realidad. Dijeron que el Profeta tenia algo que decirme. Sabia que debía ser algo muy importante.

El profeta me contó una historia: “Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre. El rico tenía miles de ovejas y vacas. Pero el pobre no tenía más que una corderita que él había comprado y criado, la cual había crecido junto con él y con sus hijos. Comía de su pan, bebía de su copa y dormía en su seno, y era como una hija para él. Vino un viajero a visitar al hombre rico Y éste no quiso tomar de sus ovejas ni de sus vacas para preparar comida para el caminante que había venido a él, sino que tomó la única corderita de aquel hombre pobre, la mató y la preparó para el hombre que había venido a visitarlo…” Siempre me había considerado un hombre justo y digno, así que me encendí en ira gritando: “ese mal hombre rico debe morir irremediablemente y devolver cuatro veces lo quitado al pobre. ¡Es increíble que haya gente así, sin compasión alguna!” Pero el Profeta me respondió: TÚ eres ese mal hombre. Nada me hubiera preparado para lo que escuche en ese momento. 

“Tu teniendo de todo lo que un hombre pueda desear en su vida; teniendo mujeres, lujos, ganado, bienes y todo lo mejor; has tomado lo que no te pertenece, has asesinado a un hombre y violado cruelmente a su mujer; en un solo tiempo has mentido, traicionado, herido, robado, asesinado, y actuado con orgullo, soberbia y autosuficiencia…eres un vil pecador delante de Dios.” Sus palabras iban demasiado aprisa, tanto que no lograba asimilarlas todas. ¿Yo un hombre malvado? ¿un pecador? Todo lo que había en mi mente ahora era muerte…mi propia muerte y yo mismo había dictado mi sentencia. Lo que en su momento pareció una simple aventura, ahora tomaba su verdadera dimensión; lo que en su momento había parecido como una hábil e inteligente manera de salir de un problema, ahora se mostraba como una vil falta. Tan tosco y brutal como un pecado. No supe que mas hacer. ¿Como poder pagar mi falta? no existita nada que pudiera devolver la vida a mi amigo, no podia retroceder el tiempo y evitar esa violación, no podia autoperdonarme mi falta…simplemente me tire al suelo y llore amargamente.

Me deshice. Simplemente doblegue por completo mi alma. Por primera vez en mi vida reconocía mi condición de hombre malvado. Un ser tan despreciable que merecía la muerte. Yo mismo había sido Juez en muchos casos, conocía lo que significaba el concepto de “Justicia” y en mi caso no existía ninguna ley que me perdonara la vida, simplemente merecía pagar. Yo merecía morir.

Pero el verdadero shock estaba a punto de ocurrir. Estaba a escasos instantes de encontrarme cara a cara con Dios. 

Estaba profunda y genuinamente arrepentido. Por eso fue que grite en alta voz: “Dios Todopoderoso, hoy reconozco que falle, pero tu eres bueno, me Arrepiento de todo corazón, pero por favor perdoname; no te alejes de mi reino, no me dejes, no volvere a fallar asi…” – fue entonces que el profeta hablo de nuevo: “No temas mas, el Señor ha pagado tu falta, Dios te perdona.” La sensación aún no se me ha borrado. Esa sensación de parecer estar soñando. Lo mire fijamente como queriendo descubrir que era una broma, pero su mirada estaba serena mientras culminaba esa extraordinaria frase: “Dios ha quitado tu pecado; tu arrepentimiento genuino te ha salvado, no morirás, sino que recibirás a partir de ahora mismo, la anhelada Vida Eterna.” Me recosté en mi sillón favorito como queriendo entender lo extraño e inverosímil de todo esto. La violé. Lo maté y luego me perdonaron la vida.

Grábate bien estos consejos, pues serán la clave de toda tu vida en la tierra, compartelos con todos pues llegará el día en que todos nos encontraremos cara a cara con Dios:

“Nunca te consideres justo y bueno en tu propia opinión, pues todos somos pecadores.”

“No puedes hacer absolutamente nada para pagar tus faltas, deberás aprender a arrepentirte y recibir el incondicional e ilógico amor de Dios.”

“Nunca subas a la terraza del palacio, no le des oportunidad alguna a la tentación, se radical contra el pecado.” 

El joven veía a su padre con ojos llenos de admiración. Jamas imaginó que su padre el gran Rey de Israel hubiera vivido semejante aventura y mucho menos semejante final. Pero ahora el Rey David estaba en su lecho de muerte, a escasos momentos de partir con Aquel quien le había Perdonado la Vida, estaba a escasos momentos de ver el Precioso Rostro de Aquel que le había entregado el Reino, su fortuna y su mismo hijo Salomón, que ahora iba a Reinar en vez de él. Salomón guardó las enseñanzas y renovado corazón de su padre David y Dios lo hizo el ser mas próspero y sabio que ha existido sobre la faz de la tierra.

No importa el nombre del delito; todos caen bajo el Amor incondicional de un Dios vivo. El arrepentimiento genuino y la fe en Jesús nos abre las puertas del Cielo y la Vida eterna, instantaneamente.

- Historia Biblica en 2da Samuel 11 y 12

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