Cómo escuchar la voz audible de Dios.

Dios me habló.
No, no lo “sentí en mi corazón”.
No, no fue un sueño.
Tampoco fue mi propia conciencia.
Escuché Su voz audible.
Clara y contundente.
Para serte honesto no fue cómo lo imaginé.
No hubieron truenos ni dragones echando fuego.
No hubieron presentaciones solemnes.
Tampoco hubieron leyes apocalipticas.
Sólo conversamos. Literalmente.

Luché para que este momento llegara.
Ayune 40 días.
Memorice la Biblia completa.
Fuí 7 días a la semana a la Iglesia por 10 años.
Pero nada pasó.
Siempre deseé que ocurrierá.
Siempre indagué la manera oculta de lograrlo.
Consulté a muchos teólogos de renombre.
Pero al final fue Él quien tomó la iniciativa.
Fue Él quien inició la conversación.
Debo confesarte que Él no es como me enseñaron.
Debo confesarte que Él no es como lo imaginaba.
Sinceramente te confieso que rompió todos mis esquemas.
Por primera vez estuve con ÉL.
Mi propia cita privada con el Creador del universo.
No me habló de historia ni de guerra.
No me habló de leyes ni de visiones.
Tampoco me dibujó un corazón colorido.
Simplemente me contó Sus planes y respondió mis inquietudes.
Él dejó de ser un Dios lejano para ser mi Padre cercano.
Él dejó de ser letras escritas para ser palabras habladas.
Y lo mejor: dejó de ser un concepto teórico para ser una realidad viva.
Empecé a reconocer “Su estilo”.
Empezé a reconocer cómo piensa.
Y sobre todo empecé a reconocer cómo actúa.
La manera en la que actúa en mi vida, y lo que espera de mi.
La manera en la que actúa para llamar nuestra atención.
Y sobre todo la manera en la que actúa para corregirnos.
Su guia se vuelve real más allá de las letras de un libro.
Más allá de los cantos de una Iglesia.
Más allá de imágenes sacadas de cuentos religiosos infantiles.
Y mucho más allá de lo que la mente humana imagina.
Y descubrí lo más insólito:
Su guia no se limita a temas espirituales.
El saber que puedo contar con Su guía en temas emocionales o familiares,
El saber que puedo contar con Su guía en temas financieros o científicos,
El saber que puedes conversar sobre el cambio climático, tu pareja idónea y ese dolor que sientes en tu riñon izquierdo, y obtener Su sabiduría para actuar, es algo…
Impresionante. Inigualable. Anti-religioso.
Por decirlo de algún modo.
Él sabe cuando necesitas un abrazo, y sabe cuando necesitas ser confrontado por tu error.
Él comprende que tienes límites humanos y también sabe cuando puedes dar un poco más de ti.
Él sabe cuando actuar y cuando esperar.
Es inauditamente PERFECTO.

Me asombró Su sabiduría.
Me asombró Su santidad.
Me asombró Su amor.
Pero lo que más me asombró fueron sus palabras.
Entender que Su presencia no se limita a sentirlo con mi piel.
Entender que Su presencia no se limita a ver Sus milagros.
Sino entender que mis oidos pueden escucharle hablar.
Creemos que Dios nos escucha.
Pero dudamos de que nosotros podamos escucharle a Él.
Creemos que de “alguna mágica manera” nuestra voz llega al tercel cielo y es escuchada por Dios.
Pero dudamos de que esa “misma mágica manera” permita que Su voz llegue a la tierra y sea escuchada por nosotros.
Creemos en la comunicación para arriba, pero no para abajo.
Quizá por eso Dios nos envió a Su Santo Espíritu.
Quizá por eso Jesús nos aclaró que Espíritu Santo nos hablaría para recordarnos Sus enseñanzas y para decirnos lo nuevo que Dios quería que supieramos en estos últimos días.
Quizá por eso Él me ordenó recordarte Su realidad.

1. Sentir Su toque sobre la piel es posible.
2. Ver Su poder actuar en milagros es posible.
3. Oler Su presencia es posible.
4. Escuchar Su voz audible es posible.
Nos enseñaron a aceptar las tres primeras.
Pero nos negaron el acceso a la cuarta.
Nos felicitan si logramos las tres primeras.
Nos critican si logramos la cuarta.
Nos ofrecen el liderazgo si predicamos de las tres primeras.
Nos ofrecen el manicomio si predicamos de la cuarta.
Porque seguimos pensando en Dios como “algo” y no como Alguien.
Pero no te escribo para contarte lo que me ocurrió.
Te escribo para decirte que puede ocurrirte a ti también.
Te escribo no para contarte lo que Él me dijo.
Te escribo para que tú sepas que puedes escuchar lo que Él dice.

¿Lo quieres Bíblico?

Adán. Abraham. Saulo de tarso.
Oseas. Isaías. Juan.
Jesús de nazareth.
Todos ellos seres vivos sobre la tierra escuchando audiblemente la voz de Dios.

¿Lo quieres espiritual?

Tenemos sentidos humanos y espirituales.
Tenemos vista, tacto, olfato, gusto y oído, espiritual y humano.
Somos espíritus no cuerpos.
Somos espíritus habitando temporalmente un cuerpo.
Aprendimos a usar sólo los sentidos del cuerpo y olvidamos nuestros sentidos.
Debemos aprender a usar nuestros verdaderos sentidos. Esos sentidos que usaremos por la eternidad cuando este cuerpo muera y nosotros sigamos existiendo en la presencia de Dios.
En el cielo escucharemos, veremos y palparemos a Dios, Su trono, las calles de oro, los arboles frutales y nuestras moradas celestiales.

¿Lo quieres científico?

Le llaman percepción extrasensorial.
Le llaman “sexto sentido”.
Pero no es más que el primero de los sentidos espirituales.
Los sentidos que nos permiten ir “mas allá” de los sentidos naturales.
Tocar lo que el tacto no puede tocar.
Ver lo que los ojos no pueden ver.
Oir lo que los oidos no oyen.
Son los sentidos superiores a los sentidos naturales.
Y debemos aprender a usarlos.
Entre más tiempo pasamos con Dios, más se desarrollan nuestros sentidos espirituales.
Entre más tiempo pasamos con Dios, más podemos ver, oir y sentir espiritualmente.
Escuchar la voz de Dios no es algo “anti-Bíblico”.
Escuchar la voz de Dios no es una “locura”.
Escuchar la voz de Dios no es “un premio” para gente perfecta.
Escuchar Su voz audible es bíblica, científica y espiritualmente posible.

¿Cómo escuchar la voz audible de Dios?

Escucharle requiere conocimiento, pasión y paciencia.
1. Conocimiento porque requieres saber que SÍ es posible.
2. Pasión porque requieres mostrarle tu genuino interés en conocerle.
3. Paciencia porque es Él quien decide el momento de su reunión.
Lo bueno es que Él nunca dice NO a quien le busca.
Él no rechaza a quien anhela oirle.
Quizá porque es Él quien anhela ser escuchado.
Escuchar Su voz audible es posible en la Oración.
Escuchar Su voz audible es la clave para conocerle y entenderle.

Porque Dios no es como las religiones enseñan.
Porque DIOS no es el Dios que conocemos.
Porque Dios es real.
Habla con Dios NO hasta que Él te escuche.
Habla con Dios hasta que tú le escuches a Él.

Actualmente millones de personas conocen una religión, memorizan escrituras, hablan promesas Divinas, y saben de escatología apocaliptica a la perfección, conocen señales y se santifican de muchas cosas, pero aún no conocen a DIOS. El propósito de mi nuevo libro “La realidad de Dios” es guiarte hacia Él. Directamente. Sin escalas. Sin intermediarios. Una reunión privada con Él que cambiará tu vida. 

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