El código secreto de un ex-pornógrafo

Se llamaba Pureza.
Estaba completamente enamorado de ella.
Con ella literalmente alcanzaba las estrellas.
Cada cita era inolvidable.
Envidiable. Memorable. Insuperable.
Sin pizca alguna de morbo, dolor o vacío entretenimiento.
Y llena de romance, alegría y valioso acercamiento.
Romantica. Pura. Alegre.
Femenina. Sincera. Fiel.
Me enseñó a amar sin miedo.
Me enseño a soñar sin desvelo.
Mi amada perfecta.
Mi amada correcta.
Mi idónea.
¿Cómo desear a otra errónea?
Jamás pensé en la posibilidad de serle infiel.
Jamás pensé en voltear mis ojos a otra piel.

Pero lo hice.
De pronto “ella” apareció.
Tan sugestiva y erotica que me impresionó.
Cada cita era una montaña rusa.
Empezaba excitante y terminaba confusa.
Llena de morbo, dolor y vacío entretenimiento.
Sin pizca alguna de romance, alegría o valioso acercamiento.
Oscura. Sucia. Orgullosa.
Bisexual. Mentirosa. Infiel.
Me enseño a tener sexo sin amor.
Me enseño a desvelarme sin pudor.
Mi amada imperfecta.
Mi amada incorrecta.
Mi no idónea.

Se llamaba Porno.
Despertó en mi algo diferente.
Y velozmente gobernó mis miembros y mi mente.
Mi cerebro corrompió.
Mis emociones destruyó.
Y mi vida espiritual saboteó.
Consumió mi tiempo de oración y de Iglesia.
Y llevó todo pensamiento espiritual a la amnesia.
Consumió mis estudios Bíblicos y Días de Reposo.
Y llevó todo sueño al tormento culposo.
Destruyó mi capacidad de amar.
Desintegró mi visión de la realidad.
Me hizo creer que el sexo era todo lo que podía desear.
Me hizo creer que con todo género humano, animal u objeto podía yo experimentar.
Y me convirtió en una bestia que sólo “ella” podía controlar.
Un inútil imposibilitado para amar.
Un inútil imposibilitado para soñar.
Un inútil imposibilitado para servir al prójimo.
Un inútil imposibilitado para conocer a Dios.
Mientras me hacía creer que todo lo hacía por mi bien.

Por eso un día me armé de valor.
Por eso un día le grité que lo nuestro ya era un sinsabor.
Le dije que debíamos terminar.
Y que cada uno debía su propio camino retomar.
Le aclare que yo a Dios quería amar.
Y que no estaba dispuesto a mis manos volver a ensuciar.
Ella simplemente se rió.
Me mostró más y más piel.
Me mostró más y más cerca.
Pensé que no había nada más que ver.
Pero “ella” esta decidida a poseerme hasta más no poder.
Y terminé nuevamente lleno de semen sobre mi piel.

Luché cientos de veces.
Intenté cientos de estrategias.
Lloré cientos de lagrimas.
Pero cada día había una “cita” con “ella” que no podía rechazar.
Era un muerto en manos de una asesina a la que le gustaba verme suplicar.
Era un zombie en manos de una asesina a la que le gustaba verme fracasar.
Pensé sinceramente que mi fin había llegado.
Pensé sinceramente que el arma para vencer no se había aún inventado.
Y que mi fantasía sexual sería siempre poder mirar una pantalla con un teclado.

Fue entonces que ocurrió.
Fue por eso que decidí hablarle.
Fue por eso que decidí clamarle.
“Total, no tengo ya nada que perder”
Desde hace mucho tiempo no doblaba rodillas.
Pero mi alma estaba cansada de jugar con Dios a las escondidillas.
“Señor, no puedo, perdoname, ¿podrías liberarme?”
Mi autosuficiencia, orgullo y ateísmo destruidas en desarme.
Tres simples palabras nacidas de un corazón sincero.
Tres simples palabras clamadas desde mi propio encierro.
Tres palabras dirigidas a Aquel que todo lo puede lograr.
Y por extraño que parezca un versiculo me hizo escuchar.
“Tu lucha no es contra carne y sangre, sino contra potestades y huestes de maldad en las regiones celestes”.
Un grito de jubilo llenó mi habitación.
Había recibido de Dios la mayor revelación.
Peleaba contra mi carne y por eso no vencía.
Sin entender que mi batalla por Jesús había sido ya vencida.
Mi lucha espiritual en ganador me convertiría.
Y entre más espiritualmente comía mas fuerte me volvería.
Y mi ex-amada porno en el lago de fuego destruida sería.
Y mi amada Pureza a mi lado volvería.

Ese día lo escribí en el calendario.
Pero no como un día especial solitario.
Sino como el día en que abandone el camino al infierno sin retorno.
Y descubrí el código secreto para vencer la porno:
“La lucha no es contra carne sino contra demonios”.

El placer no es malo, el sexo no es malo. No fuimos diseñados para vivir sin placer sexual, la primera orden fue “multipliquense”, nuestro mismo organismo necesita cumplir esa orden biológicamente. No existe nada mas anormal y desgastante que pretender luchar contra el hecho de sentir deseo sexual. Sentir deseo sexual no es malo, lo verdaderamente malo sería no sentirlo, somos seres sexuales no seres asexuales. La clave no está en sentir la necesidad de placer sino de cómo saciamos esa necesidad. Empieza masturbandote sin ver pornografía. Luego sigue masturbandote pensando únicamente en cosas romanticas sin suciedad. Termina disfrutando una mente sin suciedad sexual, lista para conocer a tu pareja idónea y disfrutar el sexo con ella.

1. Cree posible vencerla, pues Jesús ya la venció por ti.

2. Sé radical, es una guerra espiritual, deja de comer lujuria y aumenta tus raciones diarias de oración, música de adoración y biblia, pues el único que puede vencer la porno es DIOS.

3. No te rindas. Caerás mil veces, pero mil una Él te levantará en Su gracia, si tan solo sigues perseverando. Un round más y la corona es tuya.

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